viernes, marzo 07, 2014

Retraso de infraestructura móvil en Argentina


Este martes, La Nación publica un editorial sobre infraestructuras de telefonía móvil en Argentina, a propósito del Mobile World Congress de Barcelona. El editorial destaca la creciente distancia entre la evolución de la tecnología y su estado en Argentina, ya no sólo respecto a los países de la primera línea de desarrollo y adopción, sino también respecto a sus vecinos regionales. Una debilidad estructural y estratégica que tiene que afectar profundamente a cualquier plan nacional que se proponga como centro de negocios en servicios de software. Lo esencial dicho:
En estos días, Barcelona ha sido el escenario ideal para la cumbre global de la industria de la conectividad móvil, el Mobile World Congress (MWC, por sus siglas en inglés). Y aunque visto desde afuera y por los no iniciados en el tema, el encuentro pueda parecer todavía del futuro, no lo es. Se trata del presente bien presente, el mundo de la gran tecnología sobre el que se asienta un cada vez más pujante negocio digital.
Lamentablemente, la Argentina parece estar muy lejos de todas estas novedades, tanto de las tecnológicas como de las comerciales, y, paradójicamente, a pesar del entusiasmo con que los argentinos abrazamos todas las innovaciones. Efectivamente, una de las certidumbres que confirmó este encuentro mundial es que nuestro país, en éste como en otros temas, no tiene planes a la vista para mejorar la tecnología para celulares y, por ello, está cada vez más atrasado en América latina. Por ejemplo, fue el único de la región que no anunció la adopción de la tecnología sucesora del 3G, la 4G LTE, que permitiría mejorar el acceso a la Web desde teléfonos móviles. La adopción de este estándar es clave para superar los recurrentes apagones que afectan a las comunicaciones móviles y, sobre todo, para conectarse a Internet a alta velocidad desde el celular.
Mientras los argentinos comprobamos en carne propia este atraso todos los días, ya hay 18 países en América del Sur y el Caribe que lanzaron servicios 4G LTE, mientras que en Europa y los Estados Unidos ya se experimentan versiones más avanzadas aún.
Esta realidad tampoco es desconocida para el Gobierno, que, sin embargo, con las medidas adoptadas un año atrás, lo único que logró fue justamente atrasar a todo el sector local de la telefonía móvil. Como se recordará, en febrero de 2013, se decidió dejar sin efecto una licitación pública para asignar frecuencias radioeléctricas para los servicios de telefonía móvil, y la Presidenta instruyó al secretario de Comunicaciones, Norberto Berner, para que asignara esas frecuencias a la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales SA (AR-SAT), propiedad del Estado, cosa que hasta ahora no ha ocurrido. Ya en diciembre de 2012, la mandataria y el ministro de Planificación, Julio De Vido, habían anunciado también la creación de Libre.ar, una nueva marca de servicios de telefonía móvil que prestaría el Estado a través de AR-SAT -fue presentada como una acción para "recuperar el éter para los argentinos"-, pero ésta fue la última noticia importante que se tuvo de esta operadora móvil.
Por su parte, las tres principales operadoras móviles de la Argentina -Telefónica, Telecom y Claro- siguen esperando que el Gobierno haga algún anuncio al respecto, y tratan de capear las cada día más crecientes dificultades para evitar las caídas recurrentes de sus redes; la demanda de ancho de banda por medio del móvil -con dispositivos cada vez más potentes- no deja de crecer, y exige mayores ajustes en las redes, con nuevas antenas y radiobases. Con este panorama, en el que las autoridades nacionales parecen no darse cuenta de la importancia del tema, no resulta extraño que la única funcionaria argentina presente en el MWC haya sido la gerenta de control de la Comisión Nacional de Comunicaciones, Anabel Cisneros.
Decíamos que la Argentina está lejos incluso de lo que es el enorme negocio digital: si licitara espectro -un recurso natural limitado por el que se transmiten las señales inalámbricas- para 4G, podría recaudar por lo menos 1000 millones de dólares, y otros 1500 millones serían necesarios para que las tres operadoras móviles locales comiencen a desplegar redes 4G LTE.
Hoy, además de la indefinición política, se cierne otro inconveniente grave: se confirmó que el servicio móvil LTE puede interferir la televisión digital terrestre, que tiene en la Argentina el país con mayor alcance de América latina. No hay que olvidar otras dos cuestiones que también dificultarían la llegada al país de la nueva tecnología: la exigencia de ensamblado de los teléfonos en Tierra del Fuego, que termina encareciendo sus precios, y el freno aduanero a las importaciones de antenas y equipos para evitar la salida de dólares.
Si pensamos que la última licitación de espectro se realizó en 1999, cuando había poco más de dos millones de usuarios de telefonía celular, y que ahora, con mucho más de cincuenta millones de líneas móviles en servicio y con dispositivos que, al permitir el acceso a Internet y a contenidos de multimedia requieren muchas más frecuencias, se está operando en las mismas condiciones que hace 13 años, se comprenderá la gravedad de la situación actual.

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